
Tal vez algún día lleguemos a ser preciosos, como pequeñas lunas que se posan en las palmas de las manos. Cuerpos celestes del tamaño de un botón que bajan a La Tierra para quedarse. Tacto helado y rugoso, color blanco y brillante robado de la luz de los reyes.
Esperaremos a que lleguen tiempos mejores mientras dedos ajenos dibujan sonrisas en nuestros labios hasta que ellas vengan solas al son del bello erizado y la piel eléctrica.
Seremos cuerpos brillantes. Y no sabremos qué parte es verdad y qué parte es mentira, con un cuerpo celeste en la mano estaremos tocando el cielo.




